20 de noviembre de 2009

PEQUEÑO MANUAL ILUSTRADO DEL BUEN AFGANO

Sobre "Cometas en el cielo"


Niño rico y niño pobre; lealtad, celos, valentía, cobardía, sacrificios, injusticias gratuitas (uf! si las hay: en una de las primeras escenas violan al niño pobre). Arrepentimientos, resarcimientos y por sobre todo voluntad, mucha voluntad. Fidelidad, amistad incondicional y admiración del niño pobre hacia el rico. Celos y “sana” envidia del niño rico hacia el pobre. Porque este es valiente y audaz; dosis que le falta para colmar de satisfacción a su padre. El niño pobre sirve las bebidas en la fiesta de cumpleaños de su mejor amigo e inclusive tiene que servirle al adolescente que lo violó. Que más decir. . . .

Invaden los rusos Afganistán y el niño rico se exilia con su padre a la tierra de las “oportunidades y de la libertad”, los Estados Unidos de Norteamérica. Allí los asilan y consiguen un hogar y trabajo digno; hasta, ya adulto, encontrará el amor, obviamente que con una mujer de su misma etnia, y se casará. Pero a este joven honrado y obediente lo atormenta la culpa por el mal comportamiento que tuvo con su par, al cual siempre recuerda (desde lejos). Por esas cosas de la vida, el destino (y no él) determinará que vuelva a su país, y es así que tendrá la oportunidad de redimir los pecados de su infancia. Nos enteramos que el joven pobre formó una familia; pero lamentablemente muere acribillado con su esposa debido a conflictos civiles de su país, y su hijo queda en manos de los talibanes. También resultará que a él joven rico le revelarán que su amigo de la infancia fue su hermano, fruto de un romance fugaz entre su padre y una sirvienta (un paria). Por lo que, para enmendar sus errores y los de su padre, tratará de rescatar a su sobrino de esta nueva y devastada Afganistán.

Todo esto es demasiado. Demasiado demagógico, atiborrado de clichés sentimentalistas, de los lugares mas comunes del drama; desbordado de golpes bajos y con el aporte de una mirada sumamente subjetiva, en donde prevalece todo el tiempo el imaginario de la cultura occidental (en los comienzos del film se lleva a cabo una de las carreras mas originales del cine, una competencia de cometas, en la cual la estética se mecha entre la imagen poética y metafórica propia del cine iraní y la puesta en escena vertiginosa típica de una carrera de autos del maestreim norteamericano). En esta historia no hay lugar para tamices intermedios. Hay muy malos o muy buenos; de los más valientes y los mas cobardes ; pero si hay espacio para “el deber hacer” y así poder enderezar situaciones indebidas, obviamente habrá que sacrificarse y asumir los “castigos” que depara la vida como consecuencia de tales acciones; en fin… pensar que uno de los comportamientos que se le adjudica al terrorismo es el extremismo. Paradójico, no?.

Por otro lado el querer sobreexplicar que hay buenos afganos –no todos son talibanes- además de subestimar al espectador deja flotando en el aire cierto tufillo a prejuicio. ¿Acaso resabios de la política antiterrorista instalada por Mr. Bush? Esta ficción, basada en el best- seller del escritor Khaled Hosseini, pretende abarcar tanto que el relato vuela por demasiados lugares. Según un experto en el tema: “La cometa es un juguete o instrumento de fácil manejo, pero debemos tener en cuenta algunos requisitos además de las condiciones del viento. Aunque toda cometa esta diseñada para volar, la persona que quiera volarla lo debe tener que hacer y sentir de verdad…. “ . Elevarse de verdad es lo que este film no logra ya que se percibe demasiado la artificialidad del vuelo.

María Paula Ríos



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