18 de julio de 2010

CHERI, de Stephen Frears

El director inglés Stephen Frears, quién nos supo conceder gratas historias como "Alta Fidelidad" y "Amistades peligrosas", regresa a la pantalla con otra película de época situada en la "belle epoque", a finales de siglo XIX, antes de la iniciación de los conflictos bélicos en Francia. Retorna con una de sus actrices fetiche, una madura y exquisita Michelle Pfeiffer, acompañada por la avasallante Kathy Bates y un jovencísimo Rupert Friend.
En esta época las cortesanas cumplían una función social importante y las que pululaban la clase alta ganaban mucho dinero. Por lo que cuando se avecinaba su retiro, lo hacían holgadamente y con todos los lujos. En este ámbito nace y se cría Chéri, un joven caprichoso y hedonista cansado de hacer lo que quiere. Cuando el novato a través de su madre conozca a Lea, una madura y sensual cortesana, se relacionará íntimamente con ella llegando ambos a enamorarse. Hasta que un día su madre, un tanto preocupada, se interponga arreglándole un matrimonio con una muchacha de su edad. Los amantes intentarán hacer su vida, pero el sentimiento compartido aflorará en cada rincón y en cada recuerdo fortaleciéndose aun mas en la distancia y en la imposibilidad.

Las actuaciones son precisas y muy verosímiles, teniendo en cuenta que por momentos la historia adquiere un tono teatral. La reconstrucción histórica es notable, hogares palaciegos con jardines pictóricos y vestimentas ostentosas y refinadas. Todo acorde a los lineamientos pautados en esta época muy prospera económicamente, sellada por la euforia y el optimismo de una determina clase social. Tal majestuosidad y empalagamiento visual comienza a tornarse algo barroco y justamente en esa intersección entre la comedia de enredos y el drama es donde Frears deja entrever, por las situaciones y los personajes, el comienzo de una decadencia en varios niveles. La reflexión de nuestra hermosa cortesana acerca del tiempo y su edad, y a su vez como se comienza a desmoronar lentamente esta visión del mundo caracterizada por los excesos.
El film es correctísimo y otra cosa no podemos esperar de este lúcido director, pero no es de lo mejor que ha hecho. Fluctúa mucho rítmicamente y ante tanta pulcritud cinematográfica, se pierde ese "plus" extra que bien lo podríamos emparentar con el apasionamiento, cualidad que a su vez dota de mayor empatía y credibilidad a la historia.

Nota elaborada para el portal Ay Love, por María Paula Rios

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