20 de agosto de 2010

"LA PIVELLINA", de Tizza Covi y Rainer Frimmel


Dulce, honesta y enternecedora es esta película que sitúa sus bases en las cosas simples y cotidianas. Gente que trabaja, arrugas en la piel, el mismo pantalón una y mil veces, desfilan en este mundo situado en la una de las zonas periféricas de Roma, donde no predomina ni el glamour y los autos lujosos, sino otra realidad consecuencia de las políticas implementadas por don Berlusconi.

Los directores ya habían explorado en un documental anterior,"Babooska" (2005), la vida mágica y melancólica del ámbito circense, el sacrificio de sus integrantes, los problemas monetarios y la forma de vida nómada. Con "La Pivellina" rescatan algo de este universo y paralelamente nos narran una historia de amor y solidaridad. Patti, una trabajadora de circo, encuentra en la plaza una niña de dos años abandonada, Asia, con una notita donde la madre anuncia que pronto volverá por ella. Sin dudarlo esta la recoge y lleva a su casa donde le brindará todo lo que la beba necesite incondicionalmente. A pesar de los regaños de su esposo Walter, por la responsabilidad que esto implica mas cuestiones de dinero, ella cada día que pase se ira involucrando mas y mas, tiene un instinto maternal nato. Con la ayuda de su pequeño amigo Tairo, un adolescente que vive en una casa lindante quién también es como su hijo, cuidaran y protegerán a la pequeña y tierna Asia. Patti, Walter, Tairo y Asia, a pesar de no estar unidos por lazos sanguíneos, se comportarán como una familia. Se vislumbra esa necesidad de amor por manifestar y también por recibir y lo cómodos que se sienten ante esta nueva conformación que ofrece y supera todo aquello que el dinero nunca logrará otorgar. Esto se extiende al comportamiento de la comunidad circense donde la fraternidad y el compartir son cuestiones que fluyen naturalmente, es como orgánico. Esta armonía se nota tanto cuando se comparte una canilla de agua con obreros de la calle, como cuando se reúnen alrededor de una mesa a brindar y festejar.

"La Pivellina" es digna heredera del neorrealismo italiano por su forma entre el relato y el registro documental; por sus locaciones, todo transcurre entre la calle y la casa; y sobre todo por el compromiso moral de los directores de sugerir una realidad poco observada, no solo desde el punto de vista social, sino también una filosofía de vida que se funda en sostenes como la solidaridad y el amor ilimitado, sin compromisos. Un cine limpio de todo tipo de vicios que adopta una posición ética y genuina.

Nota elaborada para el portal Ay Love, por Maria Paula Rios

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