18 de enero de 2010

EL HOMBRE ELEFANTE, de David Lynch





 John Merrick







El agridulce film “El Hombre Elefante” dirigido por el maestro David Lynch, plasma pesadas sombras de dolor e incomprensión, y transmite una profunda y humana compasión. La dulce e ingenua personalidad del protagonista que paradójicamente es considerado un fenómeno delata que los auténticos monstruos son las personas “normales” quienes a causa de su pobre esquema mental, no pueden aceptar a una persona con defectos físicos. 
 
Un pequeño perro caminando casi robóticamente oscurece la escena del médico de clase media, Frederick Treves, que invade curiosamente los barrios bajos de Londres para luego encontrar al joven Merrick, en un improvisado y lúgubre escenario.
   
David Lynch utiliza el recurso del blanco y negro, para revelar una cruda y tétrica realidad fantasmal de la Inglaterra del siglo XIX, las calles empolvadas y grises a causa del humo de las primeras fábricas nacidas con la revolución industrial, invaden los rostros pálidos de los personajes, los claroscuros y las sombras que predominan en la cinta.   
La gente del pueblo que con una botella de whisky bajo el brazo se transforma en la pesadilla que Merrick observa asustado, pues lo convierten en objeto de burla constantemente, sin embargo nunca guarda rencor, pues su corazón se mantiene noble y puro a pesar de las crueldades que ha sufrido.
   
John Merrick, el personaje llamado “El hombre Elefante” es bondadoso y de un intelecto superior. La extraña enfermedad, que le ha causado deformaciones en su cuerpo, se explica fantásticamente, mediante un extraño accidente de su madre, atacada por elefantes mientras estaba embarazada.
   
Frederick Treves, un médico del London Hospital con un sentido humanitario muy alto, rescata a Merrick de un tipo que lo utiliza como espectáculo de circo y le golpea frecuentemente, el Dr. Treves descubre el gran potencial de su singular paciente y no tarda en sentir un especial aprecio por él.
   
Lynch da un giro al sentimiento de horror, la fealdad ya no es externa, sino espiritual. El “monstruo tierno” es un tema complejo que sin embargo logra desarrollarse exitosamente en esta película. Cabe mencionar que la cinta “El Hombre Elefante” está basada en una historia verdadera, pues John Merrick existió realmente.

Estefanía Cárdenas

11 de enero de 2010

AVATAR, de James Cameron






Como contar bien un cuento









Algunas de las máximas del posmodernismo según José Perrés son: “el verdadero culto a la razón” y “la creencia desmedida en la ciencia,”. Características inherentes a la representación cinematográfica de James Cameron, indudablemente ligada a su imaginario social. En Avatar, basada en tiempos futuros, la tecnología es una de las estrellas (literal y cinematográficamente hablando); y también la herida abierta, con la guerra de Vietnam hasta el ataque de las torres gemelas, de uno de los símbolos norteamericanos por excelencia, el poder político representado por el ejercito de los EEUU. 

Se presenta una paradoja en todo este asunto, porque Avatar trasciende los aspectos técnicos (la animación, las tomas ágiles, y la magnífica sincronía de los colores) creando un universo mágico y artesanal. Uno quiere estar todo el tiempo “en el avatar”, descubriendo esa realidad ligada a la lógica de la naturaleza. Pero ante tal complejidad tecnicista, se acentúa lo dispar en elaboración tan básica de los personajes y de la historia en si, lo cual cae en los estereotipos de siempre. Los na´vis, habitantes del planeta Pandora, por momentos tienen los mismos tips que adolescentes en una comedia norteamericana. Si el universo virtual creado es tan luminoso y apunta mas a lo intuitivo que a lo racional ¿Por qué no conferirle tal sostificación también al perfil emocional de los na´vis alejándolo del cliché estadounidense?.


De todas modos Avatar suma mas de lo que resta porque Cameron es experto en contar cuentos, y construye un mainstream a la altura, un universo original en donde la narración es digna y fluye con un buen ritmo entre persecuciones vertiginosas y batallas homéricas, embriagándonos desde su mayor virtud, lo sensorial. La transmisión que logra el director se debe, a su deseo, su apasionamiento y su amor por la imagen misma. Por lo que Avatar gana en la ilusión creada y en sentimiento, y como diría Cortazar la felicidad no es mas ni menos que uno de los juegos de la ilusión.

María Paula Rios

6 de enero de 2010

MIRA MARY AND MAX..... ON LINE Y SUBTITULADA










STOP MOTION AUSTRALIANA




 


Mary y Max de Adam Elliot,  nos cuenta la historia de una amistad muy singular entre dos seres antagónicos que comparten los mismos sentimientos de tristeza y soledad. Mary es una niña que vive en Melbourne Australia,  y se siente muy sola. Por lo que se le ocurre tener un amigo por correspondencia eligiendo una persona al azar en la guía telefónica. El afortunado es Max Horovitz, un hombre adulto y obeso que vive en Nueva York y padece el Síndrome de Asperger por lo que se aísla de las personas. A pesar de la gran diferencia de edad, ambos se sienten identificados en una cosa: no tienen amigos y necesitan alguien en quien confiar.  
A estos singulares personajes les ponen voz Philip Seymour, Toni Collette, Eric Bana, Renée Geyer y muchos otros más.

Clickeá y mirá Mary and Max on line subtitulada



4 de enero de 2010

LOS AMANTES, de James Gray




Las elecciones amorosas
 





El paisaje no podría ser más desolador: un cielo gris plomizo y brumoso que todo lo cubre, el aullido envolvente y arrollador del viento, y el mar, yendo y viniendo como un monstruo de agua. No, definitivamente nada podría ser más desolador en la fría Brighton Beach, a menos que un hombre aparezca cruzando un puente, arrastrando su cuerpo y su alma con la misma resignación con la que lleva a rastras un traje de tintorería, se detenga frente al mar, y se arroje a las aguas...
Así comienza el filme del raro talento de James Gray que escribió True Lovers en colaboración con Richard Menello, una historia de desencuentros amorosos levemente inspirada en Noches Blancas de Fedor Dostoievsky.

Joaquin Phoenix es dueño de una sensibilidad tan poco frecuente en Hollywood y de un pathos tan descomunal e insondable como el mismísimo mar, le administra a su pesonaje sobredosis de profundidad y melancolía... Leonard es un niño hombre dañado, presuntamente bipolar, con una sensibilidad artística y patológicamente romántica. Este intento de suicidio, arrojándose al mar, no es el primero, pero ¿será el último? Cuando su ex novia lo abandonó intentó irse al otro mundo de donde viajero jamás retornó...


Leonard es además  un joven judío que pronto heredará la fusión del negocio de su padre, la tintorería para la que hace repartos, que a veces llegan a buen puerto aunque no siempre a destino, junto con la tintorería de su futuro suegro. Leonard cuenta con el apoyo no sólo financiero, sino y sobre todo con una contención emocional, a través de la mirada vigilante y siempre amorosa de su madre (Isabella Rossellini) y la de Ruben: un padre protector, pero respetuoso de los límites. Sin embargo, Leonard no es feliz, o lo es de a ratos, muy esporádicos, cuando por ejemplo tiene la oportunidad de mostrar sus dotes de fotógrafo a Sandra Cohen (Vinessa Shaw) en un barmitzva, o de bailarín de break dance en una disco exclusiva para impresionar a Michelle Rausch (Gwyneth Paltrow) tan alocada e inestable como seductora y neurótica.

Sandra con una brutal sinceridad le confiesa a Leonard que sus respectivos padres están interesados en la unión de ambos. Y es aquí donde se produce el punto de inflexión en la vida de Leonard: la elección entre dos amores o entre dos formas de vida diferentes.
 
El se enamora de la siempre inalcanzable Michelle, excepto, claro, cuando logra darle alcance en el techo del edificio, aunque sólo sea por unos breves instantes...A su vez, Michelle aparece y desaparece imponiéndole al ya angustiado Leonard su ausencia intermitente, ya que se hace presente a través de mensajes de texto desesperados para propiciar encuentros en los lugares menos pensados... Sandra, por el contrario, siempre está donde se la necesita. Y para ratificar su interés genuino y su amor incondicional le regala un par de guantes para resguardarlo aunque más no sea del frío. Michelle, en cambio, se enamora de un hombre de negocios, previsiblemente rico, y casado, que a su vez repite con Michelle la rutina de vodeville que lleva a cabo Michelle con Leonard, entrando y saliendo de su vida con los mismos intervalos con los que el mar baña la costa de Brighton Beach...

La cámara ralentada de Gray que recorre las calles de la desolada BB intoxica la atmósfera con una nostalgia tan corrosiva como la fotografía casi sepia que nos devuelve de algún modo un tiempo ido, pero nunca totalmente recobrado con olor a humedad y a naftalina.
 
Michelle representa el vértigo de una vida tan bohemia como impredecible, eso que él tanto anhela, realizarse como artista y escapar de una vida previsible y segura. Sandra, a su vez, es una fuente nutricia para su vacío existencial y su pavorosa avidez infantil. Nuestro héroe ha atravesado el intrincado y espinoso territorio del amor, tanto más parecido a la desolación de una playa corroída por la persistencia seductora de las aguas que van y vienen insinuantes, y tentadoras... porque como dijo alguien alguna vez: en el asunto del amor, todo fracaso es casi una dicha...

Gabriela Mársico