28 de enero de 2010

CRIATURA DE LA NOCHE





Un cuento de hadas sueco








Había una vez una joven tan extraña como misteriosa llamada Eli (Lina Leandersson) que sólo salía de su casa de noche, y caminaba descalza sobre la nieve sin sentir nada, nada de nada... Pero una noche se encontró con Oskar (Kare Hedebrant) un joven tan   resplandecientemente dorado por fuera como triste y sombrío por dentro, y ella, Eli, al verlo, comenzó a sentir, y no precisamente frío...Al verse supieron desde el primer momento que existía entre ellos un lazo tan indestructible y poderoso que los unía y los ataba, que los hacía estar irremediablemente condenados el uno al otro, y que ya nadie ni nada podría separarlos...

Hay bosque, príncipe, ogro en la versión moderna de serial killer, tutor, padre o amante de Eli, Hakan (Per Ragnar) y doncella (excepcionalmente oscura y algo demacrada) pero también hay nieve, frío polar, cuchillos y sangre a raudales en este filme tan extraordinario y fantástico (en todos los sentidos) en donde el paisaje nevado es tan alucinatorio como la hipnótica duración de los planos e inusual profundidad de campo que Alfredson realizó, basándose en la novela del guionista y escritor John Ajvide.


Una historia de amor que da miedo

Originalmente titulada Let the right one in, que podría interpretarse entre otras tantas versiones como Deja entrar al correcto, tiene que ver más que nada con una de las características del personaje femenino. Como ya se sabe Eli es una niña vampira que hace muchísimo tiempo tiene doce años, y de acuerdo a una ley sobrenatural de los de su especie, si tocan la puerta hay que dejarlos entrar, invitándolos a hacerlo, sino comenzarán a deshacerse o más bien a desangrarse frente a nuestros propios ojos...

Oskar, por su parte, es un niño torturado por la crueldad y la prepotencia de sus compañeros de escuela, sueña con vengarse, y tal vez por eso, junta recortes de asesinos seriales, y embiste un pobre árbol con una navaja, rumiando una muy larga y ansiada venganza...
Eli sabe cómo hacerlo: vengarse, y le da algunos consejos al respecto, además de brindarle su compañía y amistad incondicional.

Él, Oskar, en agradecimiento le regala un cubo mágico, ella, milagrosamente, lo resuelve, él no se explica cómo pudo hacerlo en una sola noche, pero recordemos que ella tiene muchísimos más que doce... aunque él todavía no lo sepa.

A medida que el tiempo transcurre y que los asesinatos se suceden con la misma regularidad con la que Eli debe alimentarse de sangre humana, empezamos a sentir una especie de miedo cósmico, que por supuesto trasciende el miedo físico tan común en los filmes de terror clase B. Ese miedo cósmico que atraviesa y plaga la historia de una atmósfera hechizante, que por momentos se torna onírica o más bien alucinatoria, surge de una violación o transgresión a las leyes de la naturaleza, una suspensión maligna del orden natural debido a la necesidad imperiosa de Eli de alimentarse de sangre para poder seguir con ¿vida?

Y es en este punto donde aparece lo que los une: el estar fuera de todo, el de no pertenecer ni encajar en el medio en el que viven. Eli y Oskar se encuentran fuera de las normas, fuera de toda convención social, o expectativa que se pueda tener en torno a ellos. Lo que los aleja del mundo y de las personas es justamente eso que los une: la imposibilidad de comunicarse (excepto entre ellos: Oskar le enseña a Eli el código Morse, y a partir de entonces, se comunican a través de la pared que los separa) así como la de estrechar vínculos, y demostrar sus sentimientos...

Criaturas de ultratumba


Como ya sabemos, por la larga historia cinematográfica que les ha rendido culto y homenaje, un vampiro es una criatura de ultratumba que no ha muerto del todo, o que  muerta vuelve a la vida gracias al flujo vital tan preciado: sangre humana. 

El vampiro es, en definitiva, un monstruo, en toda la acepción del término. Y un monstruo es, en términos psicológicos, un niño abusado que intenta sobrevivir identificándose con sus opresores, soportando el maltrato dentro de su propio entorno, y luego, el ofrecido por la sociedad. Pensemos en Eli y Oskar como integrantes de esas legiones de niños maltratados que en su más tierna infancia son perseguidos por abusivos y sádicos verdugos. Y para seguir con la psicología, si hacemos la ecuación sangre igual a leche materna,  Eli no sería otra cosa que un bebé abandonado y hambriento que debe salir a matar para procurarse el alimento vital.

El amor visceral que sienten el uno por el otro hace que Eli de algún modo se humanice, y aprenda lo que es el dolor, la compasión, y la empatía, ella presiente la humillación que corroe el alma de Oskar, y él, a su vez, recupera su confianza y autoestima gracias a la fuerza sobrenatural de Eli que lo ayuda a defenderse y finalmente a vengarse de sus torturadores.

Déjalo entrar

En los cuentos de hadas el príncipe rescata a la doncella y se la lleva a una tierra lejana en la que serán felices por siempre. No hay nada que garantice en este filme que las cosas terminarán de esa manera, más bien conjeturamos que muy probablemente Oskar siga el mismo camino que Hakan, el tutor, padre o amante de Eli, sin embargo, todo es posible, como en la vida misma, sólo es cuestión de esperar que llegue el correcto para dejarlo entrar...


Gabriela Mársico

18 de enero de 2010

EL HOMBRE ELEFANTE, de David Lynch





 John Merrick







El agridulce film “El Hombre Elefante” dirigido por el maestro David Lynch, plasma pesadas sombras de dolor e incomprensión, y transmite una profunda y humana compasión. La dulce e ingenua personalidad del protagonista que paradójicamente es considerado un fenómeno delata que los auténticos monstruos son las personas “normales” quienes a causa de su pobre esquema mental, no pueden aceptar a una persona con defectos físicos. 
 
Un pequeño perro caminando casi robóticamente oscurece la escena del médico de clase media, Frederick Treves, que invade curiosamente los barrios bajos de Londres para luego encontrar al joven Merrick, en un improvisado y lúgubre escenario.
   
David Lynch utiliza el recurso del blanco y negro, para revelar una cruda y tétrica realidad fantasmal de la Inglaterra del siglo XIX, las calles empolvadas y grises a causa del humo de las primeras fábricas nacidas con la revolución industrial, invaden los rostros pálidos de los personajes, los claroscuros y las sombras que predominan en la cinta.   
La gente del pueblo que con una botella de whisky bajo el brazo se transforma en la pesadilla que Merrick observa asustado, pues lo convierten en objeto de burla constantemente, sin embargo nunca guarda rencor, pues su corazón se mantiene noble y puro a pesar de las crueldades que ha sufrido.
   
John Merrick, el personaje llamado “El hombre Elefante” es bondadoso y de un intelecto superior. La extraña enfermedad, que le ha causado deformaciones en su cuerpo, se explica fantásticamente, mediante un extraño accidente de su madre, atacada por elefantes mientras estaba embarazada.
   
Frederick Treves, un médico del London Hospital con un sentido humanitario muy alto, rescata a Merrick de un tipo que lo utiliza como espectáculo de circo y le golpea frecuentemente, el Dr. Treves descubre el gran potencial de su singular paciente y no tarda en sentir un especial aprecio por él.
   
Lynch da un giro al sentimiento de horror, la fealdad ya no es externa, sino espiritual. El “monstruo tierno” es un tema complejo que sin embargo logra desarrollarse exitosamente en esta película. Cabe mencionar que la cinta “El Hombre Elefante” está basada en una historia verdadera, pues John Merrick existió realmente.

Estefanía Cárdenas

11 de enero de 2010

AVATAR, de James Cameron






Como contar bien un cuento









Algunas de las máximas del posmodernismo según José Perrés son: “el verdadero culto a la razón” y “la creencia desmedida en la ciencia,”. Características inherentes a la representación cinematográfica de James Cameron, indudablemente ligada a su imaginario social. En Avatar, basada en tiempos futuros, la tecnología es una de las estrellas (literal y cinematográficamente hablando); y también la herida abierta, con la guerra de Vietnam hasta el ataque de las torres gemelas, de uno de los símbolos norteamericanos por excelencia, el poder político representado por el ejercito de los EEUU. 

Se presenta una paradoja en todo este asunto, porque Avatar trasciende los aspectos técnicos (la animación, las tomas ágiles, y la magnífica sincronía de los colores) creando un universo mágico y artesanal. Uno quiere estar todo el tiempo “en el avatar”, descubriendo esa realidad ligada a la lógica de la naturaleza. Pero ante tal complejidad tecnicista, se acentúa lo dispar en elaboración tan básica de los personajes y de la historia en si, lo cual cae en los estereotipos de siempre. Los na´vis, habitantes del planeta Pandora, por momentos tienen los mismos tips que adolescentes en una comedia norteamericana. Si el universo virtual creado es tan luminoso y apunta mas a lo intuitivo que a lo racional ¿Por qué no conferirle tal sostificación también al perfil emocional de los na´vis alejándolo del cliché estadounidense?.


De todas modos Avatar suma mas de lo que resta porque Cameron es experto en contar cuentos, y construye un mainstream a la altura, un universo original en donde la narración es digna y fluye con un buen ritmo entre persecuciones vertiginosas y batallas homéricas, embriagándonos desde su mayor virtud, lo sensorial. La transmisión que logra el director se debe, a su deseo, su apasionamiento y su amor por la imagen misma. Por lo que Avatar gana en la ilusión creada y en sentimiento, y como diría Cortazar la felicidad no es mas ni menos que uno de los juegos de la ilusión.

María Paula Rios

6 de enero de 2010

MIRA MARY AND MAX..... ON LINE Y SUBTITULADA










STOP MOTION AUSTRALIANA




 


Mary y Max de Adam Elliot,  nos cuenta la historia de una amistad muy singular entre dos seres antagónicos que comparten los mismos sentimientos de tristeza y soledad. Mary es una niña que vive en Melbourne Australia,  y se siente muy sola. Por lo que se le ocurre tener un amigo por correspondencia eligiendo una persona al azar en la guía telefónica. El afortunado es Max Horovitz, un hombre adulto y obeso que vive en Nueva York y padece el Síndrome de Asperger por lo que se aísla de las personas. A pesar de la gran diferencia de edad, ambos se sienten identificados en una cosa: no tienen amigos y necesitan alguien en quien confiar.  
A estos singulares personajes les ponen voz Philip Seymour, Toni Collette, Eric Bana, Renée Geyer y muchos otros más.

Clickeá y mirá Mary and Max on line subtitulada